La mayoría de los padres pasan por ello: llega un momento en el que ven a
sus hijos adolescentes como marcianos. Esos chicos y chicas que hace nada eran
sus niñitos ahora son unos jóvenes a los que no entienden. Hacen y dicen cosas
que sus padres no comprenden, se portan mal, contestan, se enfadan, se
contradicen, discuten… Y los padres se preguntan qué es lo que ha pasado, dónde
se quedaron sus hijos.
· Ayuda para la familia
La explicación es muy sencilla: llegó la adolescencia. Y
sus hijos están ahí mismo, bajo esa capa de rebeldia y
contradicciones que viven la mayoría de los chicos durante la primera parte de
su adolescencia.
Para que todo ello no desestabilice demasiado a la
familia es imprescindible que los padres sepan cómo tratar a sus hijos e hijas
adolescentes. Que entiendan lo que les ocurre y por qué les ocurre esto.
Es bueno que esos padres sepan en qué consiste el
proceso de la pubertad que
al fin y al cabo es el que provoca todas las alteraciones, tanto las físicas
como las emocionales.
Es conveniente que los padres recuerden también su
propia adolescencia. Seguro que mucho de lo que viven con sus hijos les ocurrió
a ellos también con sus padres. Recordar esa etapa en sus propias vidas les
ayuda a relativizar y a entender y aceptar que se trata solo de un periodo en
la vida de sus hijos, que la adolescencia pasa y que no todo es tan dramático
como parece a veces.
Y es importante que los padres tengan las claves de
por qué sus hijos hacen o dicen ciertas cosas.
Algunas explicaciones a su comportamiento
·
Se pone una ropa horrible. Es frecuente
escuchar a los padres que se quejan de que de pronto sus hijos se visten de una
manera que a ellos no les gusta nada. Que llevan los jeans por debajo del culo
o que se ponen una falda muy corta, que se ocupan demasiado de la moda o que llevan el pelo desgreñado… Es
importante que los padres sepan que los adolescentes utilizan la ropa para
afianzar su sentimiento de identidad. Han comenzado a sentirse diferentes y
necesitan que eso se aprecie desde el exterior. Y además ese sentirse
diferentes, sobre todo en la primera adolescencia, lo manifiestan con un
enfrentamiento con los adultos, sobre todo con sus padres. Y utilizan la ropa
para eso. Sin que ellos sean plenamente conscientes de que es así, eligen una
forma de vestirse que enfade o ponga nerviosos a los adultos. Los jeans por
debajo del culo es el ejemplo perfecto. Cuando los padres consiguen entender
esto, es mucho más probable que entiendan que es mejor dejar que sus hijos
expresen su rebeldía de esa manera que de otras que podrían ser más peligrosas
para ellos. La de la ropa que es una de las batallas más frecuentes entre
padres e hijos adolescentes queda de esa manera desactivada. Y permite a los
padres centrarse en aspectos de la vida de sus hijos que sí son realmente importantes.
·
Pasa mucho tiempo en el cuarto de baño. Chicos y chicas
a los que había que obligar hace nada a tomar una ducha, de pronto se encierran
durante interminables minutos en el baño. Toman duchas frecuentes y se
preocupan en exceso de su higiene. La explicación a este fenómeno es que
también ha llegado el momento del despertar sexual. Chicos y chicas han
comenzado a ver su propio cuerpo de otra forma, en la que el componente
fundamental es el sexual. Y al tiempo ven de la misma forma el cuerpo de los
otros. Y en la mayoría de los casos comienzan los primeros escarceos amorosos o sexuales. De ahí la necesidad
de estar solo y aislado, por una parte, y de ocuparse tanto por la higiene.
·
Se encierra durante horas en su habitación. Los adolescentes
también comienzan entonces a necesitar intimidad. Algo que no ocurría cuando
eran niños, ahora hace su aparición: la necesidad de un tiempo y un espacio
privado. Y es bueno que lo tengan.
·
Su respuesta es casi siempre no y a veces, puede ser. Otra vez la
rebeldía, unida a la necesidad de identificación propia al margen de la
familia. Ese "no" puede reconvertirse muchas veces en sí cuando
tenemos paciencia. Y el "puede ser" significa en la inmensa mayoría
de las ocasiones que sí, pero a los adolescentes les cuesta mucho, por la misma
razón, mostrarse de acuerdo con sus padres.
·
Pasa de la risa al enfado sin solución de continuidad. Esa es otra de
las señas de identidad de la pubertad: la sucesión de emociones encontradas. En parte la responsable de
ello es la revolución hormonal que viven sus organismos y también toda la carga
emocional asociada a los cambios que están sufriendo. Casi nunca esos cambios
continuos de humor quieren decir nada y si los padres lo toman de esa manera y
no le dan importancia, no la tendrá.





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